sábado, 20 de septiembre de 2014

SINDROME DE NEGACIÓN



ÁRTICO EN LAS ROCAS

Molesto le digo al bartender que se lleve el whisky: volví a encontrar un oso polar aferrado a un cubo de hielo.

FROM CHINA WITH LOVE

Dice mi esposa que lo escrito en la etiqueta del pantalón es un SOS de un maquilador, yo digo que es un microrrelato.

ORGULLO

Estoy orgulloso de mi hijo. Hoy me pidió que le comprara figuritas de bebés para hacer más realistas sus juegos de guerra.

REFERENDUM

Cuando volví mi mujer y mis hijos habían hecho un referendum: ellos se quedaron con la casa y a mí me dejaron la del perro.

PROBLEMAS MODERNOS

En la cita con el podólogo descubrí que mi dolor crónico lo producían indigentes pegados a las suelas de mis zapatos.

ESTADOS DE SITIO

Es importante vaciar bien el cerebro antes de salir de casa, así se evitan atraer balas hacia la cabeza.

FEMICIDIOS

El tráfico está peor que nunca: la fila de mujeres asesinadas que buscan espacio en el cementerio llega hasta la autopista.

BUEN SAMARITANO

Desde que el Alcalde mandó a los limosneros a vivir dentro de las alcantarillas yo tiro monedas en los inodoros.

DERECHOS

Antes cuando aparecía un mono gigante encima de un edificio lo bajamos con aviones, ahora que tienen derechos los enjaulamos para publicidad.

SUSTITUTOS

Con la escasez de pinos en esta navidad, se pueden encontrar migrantes en alquiler. Esta noche me toca ponerle la estrella a un señor filipino.


Alberto Sánchez Argüello @7tojil

imagen: Original sin de Alex Gross

viernes, 19 de septiembre de 2014

ISABEL QUISIERA


I

Isabel quisiera atrapar sus sueños en botellas para poder sacarlos por las mañanas y volver a soñar.

II

Isabel quisiera que sus cabellos fueran tan largos como enredaderas para cubrirse con ellos en las mañanas que hace frío.

III

Isabel quisiera tener la lengua de las mariposas para poder alcanzar el fondo de los tarros de mermelada.

IV

Isabel quisiera tener unos brazos muy largos para poder abrazar a todos los árboles del mundo.

V

Isabel quisiera ser muy pequeña para poder ver por dentro las casas de las hormigas.

VI

Isabel quisiera ser muy ligera para viajar con las nubes que migran hacia el sur.

VII

Isabel quisiera tener unas piernas muy largas para irse en dos pasos a la montaña cuando la ciudad está muy caliente.

VIII

Isabel quiere ser muy grande para que su mano pueda apagar el sol cuando tiene sueño.

IX

Isabel quisiera que su cama no tuviera fronteras para poder hacer una fiesta con sus peluches y contarles cuentos hasta el amanecer.

X

Isabel quisiera tener la caracola más grande del mundo para ponerla en su cuarto y dormirse con el sonido del mar.


Alberto Sánchez Argüello @7toil
Imagen: internet 



jueves, 11 de septiembre de 2014

EL HILO




A Solange Rodríguez Pappe y su hilo rojo...


Una mañana encontré el hilo que une al mundo. Estaba encima de una cama como si fuera cualquier otro hilo. Lo tomé y empecé a jalarlo despacio hacia mí.

Fui viendo cómo se deshacían largas montañas cubiertas de bosques de abedules, lagos cristalinos como espejos, aves que alzaban el vuelo y junto con ellas las nubes y el sol. Luego seguí con las casas de madera y las personas que caminaban junto a sus perros en una pradera de flores.

Cuando el mundo se terminó de deshilar entró mi abuela al cuarto. Miró tranquila lo que había hecho con su bordado y me alzó con dulzura para sentarme en la larga mecedora del abuelo. Luego tomó su colcha y volvió lentamente a hilar.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Septiembre 2014

Imagen: internet

miércoles, 10 de septiembre de 2014

THORVALD



El príncipe Thorvald cabalgó sobre Sleipnir, durante siete días y siete noches, hasta dar con una muralla de espinas que parecía tocar el cielo.

Había alcanzado la frontera del país de los sueños, tierra maldita por la Völva más poderosa del norte.

El príncipe amarró el caballo a uno de los árboles sin hojas y se despojó de ropas y armas para ser digno del reto de despertar a la doncella durmiente.

Hirió su piel con las duras espinas y escapó sangrante de las garras afiladas de los dragones encadenados en la zanja putrefacta detrás de la muralla.

Caminó entre los pobladores dormidos de la ciudad y alcanzó la torre blanca de la que hablan los cantares legendarios.

Mientras subía los cuatrocientos escalones que llevan al único aposento de la torre, Thorvald pensaba en la dote que estaba a punto de obtener: un reino de inmensos tesoros, una doncella casta y pura que le daría hijos rubios de frente altiva, que junto a él conquistarían tantas tierras cómo alcanza la vista en el horizonte.

Todo esto ocupaba la mente  del noble Thorvald, cuando finalmente atravesó la puerta de madera y sus ojos contemplaron la magnífica belleza de una mujer desnuda de cabellos dorados que reposaba inánime en una cama de piedra.

Ávido de tocar aquel cuerpo para hacerlo suyo junto con el reino de súbditos leales, se acercó y besó con fuerza sus labios fríos.


Horas después la mujer lamía las últimas gotas de sangre de sus hermosos labios. Con su estómago lleno de vísceras, carne y hueso sólo restaba volver a dormir plácidamente.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Septiembre 2014 

Imagen: internet

lunes, 8 de septiembre de 2014

MÚLTIPLE



En un patético intento de sabotear la cita tomé las rutas más largas y perdí todo el tiempo que me fue posible. Pero al final –a pesar de todos mis esfuerzos- estuve a la hora exacta frente a la puerta del lugar. Le dije mi nombre a la recepcionista y ella me indicó amablemente una de las sillas de la sala de espera.

No había revistas ni periódicos y a mí se me olvidó traer el último libro de Millas, casi mil páginas de textos, tan fantásticos que leo cada uno al menos tres veces y por eso nunca avanzo. Sin nada que leer me puse a recorrer cada grieta de la pared y analice los detalles del empapelado victoriano con sus esquinas rancias de humedad y me fui por el rodapié hasta llegar a los bordes de las paredes que parecían doblarse sobre mí.

En algún momento me quedé dormido y tuve el mismo sueño de los últimos seis años: estar en un cuarto de paredes de madera, cada pared llena de puertas  y por cada puerta un sonido de alguien golpeando con insistencia para entrar. En el sueño siempre me quedo quieto hasta que cesa el golpeteo, pero esta vez me levanté y abrí todas las puertas, pero no había nadie.

Al despertar me dolía mucho la cabeza, como si las venas de mis sienes quisieran estallar. Enfocando mi vista en la sala me di cuenta que estaba llena. Una variedad de pacientes me acompañaban en la espera: había una mujer en sus veintes, vestida de negro, piel pálida y cabellos largos quebradizos, a su lado dos hombres mayores, muy parecidos entre si, de barbas grises y ropas azules, parecían uniformes de fábrica. Más al fondo había un hombre con un aspecto de tener unos cuarenta, sin afeitar, casi calvo y sentado a su derecha un niño delgado, vestido de overall. Todos miraban hacia el piso con una especie de resignación o rabia contenida, sólo el niño me miraba con tristeza.

El silencio de esa gente me dio escalofríos y la mirada del niño parecía pedir algo de mí. ¿Quiénes eran ellos? ¿Qué clase de problemas los habían traído aquí? Estaban inmóviles, sus rostros inexpresivos sin hablar ni tocarse entre ellos.

Ya empezaba a desesperarme,  a punto de largarme del lugar cuando se abrió la puerta del Doctor Fernández y una señora con un anticuado vestido azul salió sin decir nada. Él me hizo señales de pasar y yo me levanté mareado de dolor. Con esfuerzo le ordené a mis piernas avanzar y caminé despacio hacia el interior del consultorio. Mientras pasaba el umbral de la puerta me percaté –con horror- que todos los demás venían caminando detrás de mí.

Alberto Sánchez Argüello


Managua Septiembre 2014 

Imagen: http://www.artelista.com/

sábado, 6 de septiembre de 2014

ISABEL NO QUIERE



I

Isabel no se quiere levantar, dice que su cama la extraña mucho y que no la quiere dejar de abrazar.


II


Isabel no se quiere bañar, dice que su piel está hecha de tinta y se va a decolorar.

III

Isabel no se quiere peinar, dice que sus cabellos guardan ideas y no las quiere ordenar.


IV

Isabel no quiere desayunar, dice que los sueños se guardan en el estómago y no los quiere ensuciar.


V


Isabel no quiere ir a pasear, dice que hoy lloverá tan fuerte que todos los autos navegarán hasta el mar.

VI

Isabel no quiere arreglar, dice que sus juguetes necesitan ser libres y que ella no los va a encerrar.

VII

Isabel no se quiere lavar, dice que sus manos recuerdan todo lo que tocan y que limpiarlas es hacerlas olvidar.

VIII

Isabel no quiere estudiar, dice que las letras se le meten en los ojos y los hacen llorar.

IX

Isabel no quiere cantar, dice que su voz es chiquita y le da miedo irse a volar.

X

Isabel no se quiere ir a acostar, dice que quiere ver cuando la luna y el sol se encuentran para escucharlos conversar.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Septiembre 2014
Textos publicados originalmente en twitter en @7tojil

Ilustración Alberto Sánchez Argüello


martes, 26 de agosto de 2014

MI ABUELA


I

Mi abuela guarda sus recuerdos en unos frascos grandes de cristal. Cuando se olvida de algo sólo los abre un poco para recordar.

II

De niña mi abuela siempre jugaba a subirse a los árboles, por eso su piel parece la corteza de un fresno.

III

Mi abuela tiene una dentadura postiza, yo creo que los dientes originales los perdió por tanto comer nueces.

IV

Mi abuela usa lentes de vidrio grueso. Papá dice que son para ver mejor. Yo digo que son telescopios para buscar al gato cuando se pierde.

V

Mi abuela casi no escucha por su oído derecho, yo creo que ha escuchado tantas palabras que lo terminaron tapando.

VI

Mi abuela toma grandes siestas junto con su gato. Duerme tanto que sus sueños quedan atorados en el horno y en las ventanas.

VII

Cuando era niña mi abuela anduvo en un globo gigante. Por eso se sabe el nombre de todas las nubes y los colores del arcoiris.

VIII

Mi abuela colecciona miles de cajas vacías, nunca bota ninguna. Estoy seguro que en la noche las hadas del campo las usan para dormir.
  
IX

Mi abuela tiene fotos de cuando era niña: en ese tiempo el mundo era gris y sin colores.

X

Mi abuela teje en las tardes con unas enormes agujas, pareciera que está tejiendo una bufanda para un gigante porque nunca la termina.

XI


Mi abuela huele a vainilla, cuando la abrazo siento que me hundo es un inmenso bosque de galletas.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Agosto 2014
Publicados originalmente en @7tojil