sábado, 22 de noviembre de 2014

LA VIDA EN LOS TIEMPOS DEL AGUINALDO


Saqué mi aguinaldo del cajero automático de la gasolinera. Con el dinero bien guardado, me tomé uno de esos líquidos negros industriales que te venden como café, mientras sacaba cuentas de todos los regalos que iba a repartir en casa. Ya listo para salir me fijé en un sujeto que no paraba de verme. 

Salí lo más rápido que pude, justo cuando comenzaba a caer un aguacero que convirtió las calles en grandes canales acuáticos. El tipo venía tras de mí, dando grandes brazadas, yo intenté hacer la rana lo más rápido que pude pero mi condición física siempre ha sido lamentable. Ya con el hombre tocándome los talones un submarino emergió en una bocacalle y desde la escotilla me hicieron señas de entrar. Yo me lancé de cabeza en el agujero de metal que se cerró detrás de mí.

Adentro no tardé mucho en reconocer que estaba en el Nautilus. Recorrí largos pasillos hasta llegar a una gran cámara de cristal donde Nemo me esperaba con un té caliente. En silencio recorrimos un submundo marino de largos tiburones blancos, anguilas inmensas y ballenas. Luego pasamos a través de un laberinto de tuberías y aparecimos en un lavamanos que me pareció familiar.

Quise abrazar al capitán y agradecerle por su generosidad, pero él me apartó con amabilidad, tomó mi billetera, sacó el dinero y me indicó la salida.

Ya se ve que con esta crisis no se puede confiar en nadie.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2014
Imagen: internet

miércoles, 19 de noviembre de 2014

EL IMPOSTOR



Hoy por la mañana los fumigadores volvieron a alborotar el vecindario. Mi hermana corrió al cuarto del fondo para evitar que sus alergias se dispararan, yo simplemente me amarré un pañuelo encima de la nariz y la boca. En medio de la bullaranga seguí escuchando la radio, dónde casualmente reportaban un incremento de las enfermedades trasmitidas por mosquitos -sonaba alarmante la situación-. Así que  decidí dejarlos entrar esta vez, aunque nos dejaran apestada la casa.

Unas cuantas horas después los tenía mostrándome sus credenciales del ministerio de salud, mientras rellenaban sus artefactos que parecían sacados de alguna peli de ciencia ficción clase B. Cuando mi hermana trató de detenerlos ya era muy tarde: los sujetos con cierto odio profesional nos llenaron la casa de humo. 

Cuando los tipos se retiraron con sus aparatos infernales y la humareda blanca se disipó, descubrimos el cadáver del abuelo, caído en el ladrillo rojo del patio, con el periódico aún aferrado a sus manos. Yo me puse a llorar, horrorizado ante el engaño criminal al que nos había sometido durante tantos años aquel gigantesco zancudo.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2014
Imagen: internet

martes, 18 de noviembre de 2014

DE CUANDO NO ES RENTABLE MORIRSE


Recién jubilado, el hombre concluyó que lo más rentable para su familia era dejar sus asuntos en regla y tirarse de un puente.

Algunas horas más tarde, piedra al cuello y con varias cartas enviadas, se lanzó al río. Por esas cosas de la vida cayó directamente en el cóctel de un alto funcionario -que casualmente se paseaba en su modesto barco de veinte y tres metros de eslora- ahogándose de inmediato entre la ginebra y las cerezas.

Cinco décadas después, los familiares del occiso aún siguen pagando una onerosa demanda.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Noviembre 2014
Imagen: Internet

martes, 4 de noviembre de 2014

EL JARDIN


Mildred llevaba meses insistiendo en pagar a alguien para cortar el monte del jardín. Yo le replicaba que esos tipos cobran por hacer nada, que yo podía hacerlo gratis. Claro que tenía que ser un día en que amanezca bien del reuma, no haga frío y la liga no esté jugando.

Hoy se juntaron esas condiciones, así que me fui machete en mano hacia la espesura densa de matas y flores. Tardé una hora en abrirme paso entre enredaderas y helechos híper desarrollados, hasta que llegué a un claro ocupado por un castillo de piedra.

Mientras me decidía entre darle la razón a mi esposa y tratar de podar semejante desastre, una horda de enanos salió del monte y empezaron a asediar la fortaleza con onagros y catapultas. Desde las almenas hombres en armaduras respondieron con ballestas. Uno de ellos me miró y empezó a gritar a todo pulmón algo sobre excalibur y el infierno se desencadenó.

A como pude salí corriendo del lugar, perseguido por arañas gigantes y dragones escupe fuego que salieron quien sabe de dónde y detrás de ellos, hombres y enanos entonando cánticos de guerra.

Cuando llegué al borde del jardín les lancé el machete y todos se abalanzaron sobre él, armando una masacre que me heló la sangre en las venas.

Ya en casa le dije a Mildred que mañana mismo contrataría un jardinero. Ella sonrió complacida y me dio una palmadita en el hombro.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2014

lunes, 3 de noviembre de 2014

BAJO LA CAMA


Al inicio era una sensación helada que me recorría la espalda por las madrugadas. Luego llegó un momento en que estaba seguro de que había algo bajo la cama, pero no me daba la garganta para gritar. Me quedaba quieto, agudizando mis sentidos, calculando los pasos desde mi cuarto hasta el de mis padres.

Con el tiempo aprendí a distinguir entre los murmullos de la noche, unas garras aruñando desde abajo y una especie de sonidos guturales que parecían palabras.

Un día decidí armarme con un foco y enfrentarlos. Ellos me estaban esperando con té caliente y rosquillas -era increíble la forma en que habían aprovechado el espacio ahí abajo- Reímos con sus historias de pies y calcetines y me dieron excelentes consejos para mejorar en matemáticas y español.

Con el pasar de los años nos hicimos amigos y hasta me ofrecí a ayudarles con sus planes de conquista planetaria. Pero ellos se toman todo con calma, por ahora sólo quieren avanzar una cama a la vez.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014
Imagen: internet


viernes, 31 de octubre de 2014

MUERTOS



DOS DE NOVIEMBRE

Esta noche jugamos a cambiarnos de tumba.

ÓBOLO

La niña me agradeció por las monedas. Se las puso encima de sus ojos y volvió a meterse a la tumba sin lápida.

DESCANSAR

Mi madre siempre se queda sentada en la oscuridad. Le digo que se vaya a descansar, ella responde que su tumba es muy fría.

INFIDELIDAD

Llevó flores a su tumba un San Valentín. Encontró la lápida abierta y el ataúd vacío. Ahí supo que incluso después de muerto le era infiel.

SEDIENTOS

Los fantasmas de los migrantes -muertos en el desierto- recorren el país del norte en libertad, pero nunca dejan de tener sed.

TIERRA CORRUPTA

Cuando la corrupción penetró la tierra, los héroes y heroínas salieron de sus tumbas y buscaron otros países donde descansar en paz.

SEPULTAR

Cayeron bombas y enterraron a los muertos. Cayeron más bombas y mataron a los enterradores. Los muertos tuvieron que salir para enterrarlos.

TODOS

El pueblo cansado se acercó al dictador para preguntarle cuantos muertos necesitaba para bajarse del poder. "Todos" fue su respuesta.

PROGRAMA

En el momento cumbre de la crisis económica, el único programa social que el gobierno logró sostener fue el de "tumbas para el pueblo"

HUESOS

Los burócratas coleccionan, con orden y pulcritud, los huesos de los que han muerto haciendo fila en sus oficinas.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Octubre 2014
Imagen: internet

EL ESPANTAPÁJAROS



Recuerdo el camión lleno de rostros preocupados  y el intenso olor a calor humano que se metía en la nariz y llegaba al cerebro, dejándonos mareados, apenas con equilibrio para resistir el vaivén incesante del viaje por el desierto

Unas cuantas rendijas de luz entraban por las grietas de madera del tráiler. Muchos querían gritar que nos dieran agua pero el miedo era más fuerte que la sed. Luego un frenazo fuerte nos botó y unas ráfagas de balazos rompieron la tarde.

Escuchamos un griterío y nosotros guardamos silencio, sintiendo como se mezclaba el palpitar de nuestros corazones. Cuando quitaron el candado yo miraba turbio y desde muy lejos me llegó el llanto de los niños y las suplicas de las mujeres.

Se me vienen imágenes de camillas, hombres operando, la sensación de que me dejaban vacío y una mesa llena de órganos. Después estar otra vez en un camión, con mi cuerpo desinflado.

Me despertaron los cuervos que graznaban espantados al verme. Yo los ví volar en el cielo limpio que cubría el maizal en el que me encontraba. Traté de moverme pero estaba atado a una estaca.


Al inicio me desesperé, pero después de varios meses me resigné: estar relleno de paja cuidando estos cultivos es mejor que morir olvidado en la frontera.
Alberto Sánchez Argüello

Managua Octubre 2014

Imagen: internet