martes, 15 de abril de 2014

EN CASO DE SISMO REVISE EL GLOSARIO




Ante tanto temblor vimos la necesidad de hacer una contribución con algunos términos de utilidad popular, sin orden alfabético y en completo relajo conceptal, sirvase usarlo y difundirlo para beneficio colectivo.

El autor



TEMBLOR

Forma de la tierra de estirarse sin ninguna consideración para con sus inquilinos.

REPLICA

Fotocopia de un temblor con el mismo contenido pero de menor calidad.

GEÓLOGO

Criatura mítica de muy rara aparición pública que prefiere comunicarse vía páginas web o funcionarios de gobierno.

CONSEJO DE COMUNICACION

Única voz autorizada de los míticos geólogos.

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA

Artefacto que se activa en caso de temblores para contar anécdotas y equivocarse de formas pintorescas.

DIOS

Otro artefacto que se activa en caso de temblor, idóneo para la protección nocturna de electrodomésticos, muebles, niños y mascotas.

MEDIOS OFICIALISTAS

Instrumentos efectivos para mezclar información con Dios y propaganda.

SINAPRED

Conjunto bonito de letras que invocamos con fervor en caso de temblor.

DORMIR

Acción muy común antes de los temblores.

EL BAÑO

El sitio más temido para recibir un temblor.

LUNA DE SANGRE

Marketing efectivo de Dios para hacer de semana santa finalmente un período de arrepentimiento y expiación.

PERROS QUE LADRAN

Señal inequívoca de que vamos avanzando o de que un temblor nos va a hacer mierda.

FALLAS

La señal que los urbanistas usan para construir en Managua.

CHILE

Dicese de un vegetal picante o de la ubicación paralela de Nicaragua según Telemundo.

FLEXIBILIDAD LABORAL

Actitud humanitaria que debería caracterizar a call centers y maquilas al dejar abrir las puertas en caso de temblor.

APOYEQUE

Hermano envidioso de Xiloa, Apoyo y Tiscapa que finalmente encontró la forma de ser famoso a lo grande.

ANILLO DE FUEGO

Club internacional donde se acumulan volcanes y se comparten temblores.


BOTELLA A LA MITAD DE AGUA

Instrumento para separar optimistas de pesimistas, también utilizado como sismógrafo de baja tecnología.


Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua 15 abril 2014
publicados originalmente e @7tojil

Imagen: fuente internet

lunes, 14 de abril de 2014

TRECE TERREMOTOS


Microserie dedicada al grupo de autoayuda sismológica de la madrugada del 14 de abril @mafaldita02 @marionar24 @ThreeLittleBs @ricardoprivera @veliagurcia @miztlemejia @marylsamqui @CamiloDeHumo 

I

El primer terremoto me botó el café. Ese día me la pasé soñando despierto con mi otro yo que trabaja bajo tierra cantando nanas a la tierra.

II

El segundo terremoto me quebró la laptop. Todos mis documentos escaparon hacia el vecindario y lloré sin poder tomarme al menos una selfie.

III

El tercer terremoto me llenó el estómago de témpanos helados. Me apuré entonces a masticar granos de café y me hice gratis un granizado.

IV

Con el cuarto terremoto pensé en apocalipsis, pero en la tele dijeron que podía veranear tranquilo, así que me fui con los 4 jinetes al mar.

V

El quinto terremoto se volvió un lugar común, no botó nada de valor y ni siquiera hizo ladrar a los perros, pero el vaivén me adormeció.

VI

El sexto terremoto botó el espejo de la sala. Mil fragmentos de vidrió me mostraron mi rostro con todas las emociones que no sé expresar-

VII

El séptimo terremoto vino acompañado de la voz de Dios y la música de Pink Floyd. Fuera de eso, sólo botó un arbusto y dos borrachos.

VIII

Al octavo terremoto lo invitaron a entrevista en la presidencia. Como no había ningún geólogo presente, nadie entendió lo que dijo.

IX

El noveno terremoto se equivocó de país y terminó rebotando en Chile. Se excusó diciendo que era culpa de la desinformación de Telemundo.

X

El décimo terremoto me agarró en el inodoro. Se rompió el water y salí surfeando una ola hacia el barrio, lo más dignamente que pude.

XI

El onceavo terremoto me hizo añicos la autoestima. Pasé comiendo libros de autoayuda durante un mes, pero las réplicas aún me deprimen.

XII

El doceavo terremoto se dio cuenta que lo estaban esperando para asustar a la gente, así que se regresó calladito entre las fallas.

XIII

El treceavo terremoto me dijo que era el último y me invitó a bailar. Yo bailé con él, con mis pies desnudos sobre la tierra.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Nicaragua 14 abril 2014
Originalmente publicados en @7tojil

martes, 1 de abril de 2014

ÍNFERUS


La despedida se la hicieron en el bar de Charlie, el mismo lugar donde habían celebrado los quince de Sofía y la graduación de Ernesto. Casi todo el vecindario atiborró las pocas mesas de madera y un mariachi de bello horizonte los mantuvo animados, en medio de los ocasionales llantos de sus hermanas y los gritos de los niños que ya se querían ir a dormir.

Faltando pocas horas para la firma del contrato, Ernesto intentó convencerla de que no se fuera a la fábrica. Con los ojos rojos y la voz ronca le juró que haría horas extras en el taller mecánico y que podían ahorrar en comida y electricidad, que todo era un asunto de voluntad. Ella sólo se limitó a abrazarlo, las palabras ya no eran necesarias.

A las ocho aeme de un primero de abril, Amanda Gutiérrez firmó un documento de doscientos folios, ante notario público, un inspector laboral y el gerente de la empresa. Era un contrato estándar de sumisión laboral de por vida, con seguro de muerte que incluía exequias y una comisión del cuarenta por ciento por la venta de órganos. Naturalmente había puesto a sus dos hijos como beneficiarios. 

Acto seguido la llevaron a su estación de trabajo y un par de enfermeras la conectaron a una docena de tubos. Un sacerdote le ofreció la extremaunción y el perdón de sus pecados por una módica limosna, pero ella se negó amablemente. "Al fin de cuentas -pensó- ya estoy en el infierno"

Alberto Sánchez Argüello
Managua 1 Abril 2014


Imagen: fuente internet


martes, 11 de marzo de 2014

YO TUVE

 
Yo tuve una montaña
preñada de agua
luz y bosque
madre de mi soledad
hija de mis fantasías.

Yo tuve un chaman
que llenaba mi piel de escalofríos
que guiaba mi camino sin guiar.

Yo esperaba el fin del mundo
anticipando la caída de todos los muros
sombras de muerte sobre la ciudad.

Yo esperaba todos los cambios juntos
cambiar todo para no cambiar nada
destruir el mundo y extinguirnos en paz
nunca pasó
o tal vez pasará.

Me quedé sin montaña
me quedé sin chamán
me quedé sin final.

Alberto Sánchez Argüello
Juigalpa Marzo 2014



jueves, 27 de febrero de 2014

UN HOMBRE COMÚN


De una idea robada a Solange Rodríguez Pappe

Él nunca había escalado una montaña o explorado una selva virgen, menos aún batallado en alguna guerra o siquiera discutido con vehemencia con su jefe o su compañera de treinta años de matrimonio católico apostólico y romano; tampoco había asesinado a nadie a sangre fría, fuera en la vida real en su barrio se suburbios o en su imaginación de contador público jubilado. Eso sí, iba a misa todos los domingos con el alma compungida por no haber dado mas limosna a los borrachines que lo increpaban cuando paseaba por el parque; se cepillaba los dientes tres veces al día y pagaba sus facturas antes de tiempo un lunes antes de las diez de la mañana.

Hasta que quiso la suerte que su mujer se ganase un cuarto de la lotería de la ciudad y se fueran de viaje al campo, buscando escapar del infierno del verano. El viaje resultó no tener nada de memorable a excepción de las garrapatas que los atacaron impunemente en el hostal y el sueño recurrente que desde entonces lo acompañó.

Para él, que siempre soñaba con grandes hileras de funcionarios saludando de la mano a otros funcionarios o interminables jardines de rosas blancas en los que complacido leía la sección económica del diario, el ser lanzado a un laberinto donde un minotauro destrozaba su cuerpo y lo arrojaba para ser devorado por cuervos gigantes que luego lo regurgitaban convertido en una estatua de fuego que se iba por el mundo incendiado a hombres y mujeres desnudos, resultaba particularmente sobrecogedor.

Pronto su rutina se fue quebrando ante los efectos diurnos de aquel sueño. Amanecía con una sensación de individualidad que jamás había experimentado, al inicio algo incomoda, pero poco a poco más familiar, hasta que dejó de ir a misa a pesar de los reclamos de su esposa y abandonó la práctica del pago adelantado de las facturas y el obsequiar limosnas a los borrachos obscenos que intentaban detener su paso.

Y hasta le dio por escribir y su libro “El héroe de fuego: metáfora onírica de un hombre común que se vuelve extraordinario” se volvió un bestseller y todos los talk show querían que narrara su sueño, el cual fue variando en detalles hasta abarcar todos los mitos posibles de la humanidad en sus infinitos matices jungianos.

Pero el sueño lo estaba matando: su persistencia le ocasionaba taquicardias y una constante sensación de vértigo que derivaba en alucinaciones asesinas e impulsos sexuales inconfesables. Así que fue a ver a un psiquiatra.

En consulta se sentó y describió el sueño mismo, lo más fiel que pudo a la versión original. El galeno meditó un poco mientras se mesaba su barba –muy necesaria en esta profesión- y luego de indagar un poco sobre su madre, le dijo que aquel sueño no era suyo, que se le había pegado en el hostal –no lavan tan seguido la ropa de cama- que seguramente lo había dejado olvidado algún huésped.

Él agradeció el brillante diagnóstico y volvió a tener sueños de hileras de funcionarios que dan la mano a otros funcionarios y jardines de rosas blancas en los que lee diarios en la sección económica, a salvo, sin la fama ni gloria que tanto estorban a un hombre común.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Febrero 2014

Imagen: "El hijo del hombre" de René Magritte

miércoles, 19 de febrero de 2014

GREGORIO


A Manuel Membreño y su Flojera

Seis meses después de su despido por ajustes presupuestarios, estaba dispuesto a tomar cualquier trabajo. Ya no buscaba más aquellos que le permitiesen cultivar su creatividad, ni siquiera le importaba si pagaban más de mil dólares el mes. Era hora de tomar lo que fuera, incluso cobranza.

Así fue como dio con una empresa relativamente nueva, de esas que aparecen un día en los diarios y saturan la ciudad con vallas que las describen como enormes familias que te ayudarán a crecer y ser feliz. Aplicó apenas vio el anuncio que hablaba de una tercera ola de reclutas; para su alegría lo contactaron una semana después.

Su semana de entrenamiento fue más fácil de lo que había imaginado, tomando en cuenta que jamás se había enfrentado al mundo de los cobradores. Basados en su currículum le dieron un ascenso automático de field agent a office retriever, que eran los eufemismos en inglés que diferenciaban a los cobradores casa por casa de los que jodían desde interminables hileras de cubículos dotados de teléfonos y computadoras.

El día que le asignaron la suya, le dijeron que tendrìa de vecino al mejor “recuperador” de la empresa, un chico que se había convertido en una leyenda como agente de campo, con un record impecable de cobros en tiempo y forma. Sentado frente a su computadora esperó que llegara el ánimo para comenzar aquella árida labor de perseguir morosos, buscando perder el tiempo, se asomó a su derecha y vio a un tipo flaco que estaba dormido en su silla reclinable, no le dio la impresión de ser un cobrador exitoso. Al inclinarse a su izquierda se quedó helado. Cerró los ojos creyendo que su imaginación le estaba jugando una mala pasada, pero al abrirlos aquella cucaracha blanca gigante seguía sentada ahí, tecleando rápido y con la placa de “Gregorio” en letras doradas en una esquina de su escritorio pulcramente ordenado. El enorme insecto -sintiéndose observado- se volteó, y en un gesto que denotaba gran educación, le acercó una de sus patas con pelillos blancuzcos. El se tragó los gritos horribles que querían estallar desde su garganta y le dio la mano. Terminado el breve gesto de cordialidad, Gregorio volvió a su teclado y él se dispuso a como pudo a trabajar.

El asco y la repugnancia que sentía fueron bajando con el tiempo, en gran parte gracias a la solidaridad y camaradería del mejor empleado de la oficina. Además, todos querían ser como Gregorio, por eso, con el tiempo no fue nada extraño ver a otros colegas convertirse lentamente en enormes blatodeos albinos, hasta que él mismo se fue achatando, ante el regocijo de sus jefes.

Alberto Sánchez Agüello
Managua Febrero 2014 

jueves, 13 de febrero de 2014

DIGITUS


Como todas las mañanas se levantó con pesadez y se fue directo al patio para orinar, tratando de no pringar demasiado las plantas. Se bañó con pana, mientras repasaba los problemas que le cargaban la espalda y luego se puso unos jeans tiesos para irse donde la Chena.

No mas salir del andén el humito a fritanga se le metió por la nariz y empezó a salivar sin darse cuenta. A su lado pasaron las chavalas que van a la escuela con faldas azules y largas calcetas blancas, a las que siempre chifla y morbosea, pero que esta vez se le adelantaron saludándolo con un abanico de dedos anulares sin darle tiempo a reaccionar.

Ya en la comidería, tardó un tiempo en acomodar totalmente su cuerpo voluminoso entre los pequeños muebles de plástico ubicados en la acera quebrada. Cuando la Chena vio que ya estaba listo, le sirvió su respectivo nacatamal con Coca Cola.

Cada bocado estalló como fuegos artificiales en su paladar, y por un momento nada más importó: ni las deudas acumuladas con la Curacao y el Gallo, ni el embarazo de la chinita del tramo vecino que le jura que es de él, ni siquiera la denuncia por robo que le puso el Hueleapedo Jiménez.

De repente el éxtasis fue interrumpido: algo extraño terminó triturado entre sus muelas.  Escupió en el plato y descubrió con horror que era un dedo, la tercera falange con su uña intacta, bien cortadita.  Estuvo a punto de vomitar, pero se tomó un buen trago de gaseosa para evitarlo. En medio de un incipiente dolor de cabeza, pensó en tirar el plato al piso y gritarle horrores a La Chena, pero se imaginó que de seguro se iban a aparecer los hijueputas gusanos de la radio Ya y quien sabe cuántos otros medios, sólo para cagarse en él y convertirlo en el chiste de Managua. Se le vinieron a la mente los titulares: “Gordo tragón que hasta dedos se harta” “A vendedor del oriental le dan su natacamal con dedo” y así hasta que la risa del barrio no lo dejara dormir y tuviera que irse a Masaya a trabajar de cobrador de bus o de carga verduras en el mercado.

Decidido, agarró el tuco de dedo y se lo lanzó a uno de los perros flacos que lo miraba lánguido desde un extremo de la acera. Luego se levantó sin despedirse y se fue rápido a esperar la ciento uno.

Un asco permanente no lo dejó comer por varios días y cuando las chavalas le mostraban el anular casi lo hacían vomitar. Pero como todo pasa en esta vida, terminó volviendo a sus desayunos donde La Chena, pensando que así como se encontró un dedo, se podría encontrar un anillo, de esos de compromiso o de bachillerato, nunca se sabe.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Febrero 2014

Imagen: internet