martes, 9 de febrero de 2016

PARRICIDIO JUSTIFICADO


Todo esto empezó con el matrimonio impulsivo de mis padres. Él se declaró en la tercera cita y cuatro meses después, ya se sentían predestinados el uno para el otro. Hicieron caso omiso a los buenos consejos de amigos y familiares. Se casaron un jueves de verano, entre damas de honor sudadas y granos de arroz importado. Empezaron de inmediato a ser infelices, pero en vez de tramitar el divorcio, pensaron que un hijo lo resolvería todo. Así nací yo, su primer bebé imaginario con diez libras y un par de mejillas sonrosadas. Tan ferviente era la imaginación de mis padres, que los vecinos creían verme en la carriola que mamá paseaba con orgullo todas las tardes.

Aquella felicidad les duró poco. Mamá se sentía fea, sin atención de mi padre, esclavizada a los cuidados imaginarios de un niño que ya podía caminar. Pensaron –sin mayor uso de la lógica- que otro bebé renovaría su amor. Nació entonces mi hermana y contrataron una nana que hacía como que nos cuidaba, pero que se la pasaba llamando a sus amigas para decirles lo locos que estaban mis padres. Y así se nos fue la vida, entre paseos imaginarios, pubertad imaginaria, enfermedades imaginarias, notas escolares imaginarias, amigos y novias imaginarias y hasta graduaciones imaginarias que nos permitieron buscar empleos imaginarios con salarios imaginarios para ayudar en la casa.

Finalmente, confrontamos a nuestros padres y los llevamos a rastras a una clínica mental. Las primeras consultas iban la mar de bien, hasta se habían comprometido a reconocer que no éramos reales. Pero todo se fue a la mierda cuando mi hermana y el psiquiatra se enamoraron.

Ahora mi hermana habla de casarse y tener hijos. Yo la escucho y espero que mis padres se vayan a dormir y sueñen con sus nietos imaginarios, los juguetes imaginarios que les regalarán, las navidades imaginarias juntos, y otras tantas ficciones que jamás pasarán.

Alberto Sánchez Argüello

Managua 9 Febrero 2015

miércoles, 3 de febrero de 2016

NOCHES DE BASEBALL



Esta noche no fuimos a jugar en el claro del bosque. Iván nos convenció de ir a espiar al nuevo guardia del cementerio. Nos dijo que estaba totalmente convencido de que esta vez sí era un vampiro. Me pareció un desperdicio de luna llena, pero los demás estaban muy emocionados y no les quise quitar la ilusión. Llegamos cerca de la caseta de madera y nos escondimos tras unos matorrales. El viejo no se percató de nuestra presencia, parecía un poco perdido con su uniforme gris lleno de manchas de café. Encendió un cigarro, pero no se lo terminó, una tos seca se lo impidió. Pasó un rato sintonizando estaciones en una radio inter y finalmente se quedó escuchando un partido de baseball. El viejo cerraba los ojos y parecía imaginar las carreras y atrapadas, de vez en cuando esbozaba una sonrisa entre sus labios arrugados y suspiraba. Los muchachos ya se querían ir, pero yo los detuve. Iván estaba desilusionado, pero a mí no me importaba que este hombre no tuviese colmillos, me daba gusto verlo así, gozando el juego en su imaginación, en paz. Cuando se quedó dormido me puse a pensar en mi padre y las veces que intentó enseñarme a batear, él con su paciencia, yo con mi torpeza. Luego los muchachos se levantaron y nos despedimos sin mirarnos, cada uno de vuelta a su lápida.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Febrero 2016 

miércoles, 27 de enero de 2016

LA CORREDORA




Ella se amarra las zapatillas y empieza su caminata. Mientras su corazón anticipa la explosión de sangre que se avecina, su mente silencia los silbidos que la persiguen por las esquinas. Entonces estalla, como una bala, a través de aceras y calles irregulares. La ciudad se vuelve difusa, como una foto borrosa de incontables tonalidades de gris. Por un instante siente un fuerte empujón a su izquierda, pero no pierde el ritmo. No piensa en ello, solo importa correr, ahora mas libre y ligera, como si nunca más tuviese que parar, menos aún voltear a ver su cuerpo, que yace destrozado en el asfalto.

Alberto Sánchez Argüello
Managua Enero 2016

martes, 15 de diciembre de 2015

RÉQUIEM



Los ojos de mi hijo ya no me miran. Su cuerpo viejo y agotado permanece casi todo el día postrado en cama. Las pocas veces que sale de su cuarto, lo hace en una vieja silla de ruedas. Yo no tengo fuerzas para poder llevarlo, así que me voy detrás del enfermero de turno, vigilando que vaya despacio, como a él le gusta.  Dicen que ya no guarda recuerdos en su mente, pero aún me llama a gritos por las noches. Mi único consuelo es saber que pronto me hará compañía en la cripta familiar.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Diciembre 2015

jueves, 26 de noviembre de 2015

LOS GARCÍA -26 DE NOVIEMBRE - FINAL



Mi hermana desapareció. Llevaba varias noches de paseos hasta la madrugada, pero esta vez no volvió. Le dije a mi madre que llamara a sus amigas de la escuela, pero a ella sólo le importa el hacha de papá. Se pasa todo el día sacando brillo al metal, mirándose a sí misma en el reflejo de su hoja. Creo que su mente está tan mal como la mía.

Yo tuve que ponerme guantes para olvidarme del payaso, aunque permanece la sensación pegajosa de sangre entre mis dedos. No he bajado al sótano. No quiero confirmar que su cabeza sigue ahí. Mi padre parece que también desapareció. Desde que se fue no volvió a llamar. 

Sólo me queda Lucía, mi mejor amiga de la escuela. Aunque se puso muy extraña desde la muerte de su hermano. Incluso me contó de una vaca que le enseñó a construir una pequeña máquina. Al comienzo no quería ayudarla a armarla, pero  me fue convenciendo un poco cada día. Así que fuimos reuniendo las piezas y decidimos guardarla bajo mi cama. Ahora Lucía está enferma en casa y sólo quedo yo para activarla. Cuando lo haga, la máquina producirá una onda expansiva que me borrará a mí, luego a mí madre, los vecinos, el resto de departamentos, a Lucía y su madre, la escuela, mis compañeros y profesores, el ministerio, los bomberos, los policías, los perros, los gatos, los árboles del parque, los niños sin casa, la heladería, todos los chocolates, el resto de ciudades, el agua, la tierra, mi padre…  

Sólo tengo que acercar mi mano, apretar el diminuto botón rojo y desear en el último segundo que el mundo vuelva a nacer, con otras ciudades, con otros departamentos y en uno de ellos mi familia, a como fuimos, a como pudimos ser.

Mi madre algún día lo entenderá…

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 26

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS GARCIA -25 DE NOVIEMBRE




Sentada en esta banca pienso en mi vida. Ya no queda nada de esa emoción inicial de flotar sobre los techos. Moverme por encima de los parques y esperar sentada en las copas de los árboles. Acechando a vagabundos y niños perdidos con sus tarritos de pegamento. El gusto de la cacería. La recompensa final.

En casa la carne cruda escasea. Mi madre ya no sale a hacer compras como antes, se la pasa todo el día sacándole brillo al hacha de papá. Mi hermano parece que tiene algo roto por dentro, lavándose siempre las manos hasta sacarse sangre de la piel, mirando las paredes como si quisiera hablar con nuestra abuela.   Ese sitio ya no es mi hogar.

En otras ciudades los vampiros adolescentes se mueven en manadas, bañando de sangre el asfalto nocturno de las ciudades. Yo amo mi soledad, pero a veces quisiera un acompañante, otro monstruo que mire la luna como yo la miro. Alguien con quien compartir la cacería. 

Por eso me acerqué a ese muchacho. Ese que tenía una mirada oscura, un brillo de demonio. Lo seguí por horas y me hice notar. Él me esperó en un callejón. Noté que tenía un bulto bajo su chaqueta. Me dije a mí misma que era una pistola, una navaja quizás. Me acerqué confiada de mis colmillos y cuerpo inexpugnable. Él me dejó acercarme y ofreció su cuello. Yo, consumida por la fantasía de un amante inmortal, me dejé llevar.

Tardé un tiempo en sentir la estaca rascando mi corazón. En un parpadeo desmembré al muchacho, pero el daño estaba hecho. En el fondo sabía lo que iba a pasar, siempre lo supe. Ahora la banca se alarga debajo de mí, como un mausoleo de granito. Allá arriba la luna se torna roja y yo siento frío, por última vez.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 25

martes, 24 de noviembre de 2015

LOS GARCÍA -24 DE NOVIEMBRE



El grifo del baño está goteando. Escucho la gota caer cada cierto tiempo, pesada, haciendo un eco que recorre el departamento, como una pequeña explosión. Me gusta que el espacio se llene de su sonido. Me hace compañía. Prefiero concentrarme en ese goteo, en vez de los ruidos de los coches que van y vienen por la calle, como si la noche les diera permiso para ir más rápido.

Tengo hambre, pero no sé si vale la pena caminar hasta la refrigeradora, son cinco metros que mis huesos van a resentir. Toca decidir entre mi estómago y mis rodillas. Creo que van a ganar mis rodillas. A mí edad hay que saber cuáles son las batallas que vale la pena perder. De todos modos ya pronto amanecerá y me cocinaré un par de huevos revueltos con tomate. Es sólo otra jornada de insomnio para un viejo jubilado.

Mi nieto viene mañana. Otra vez intentará convencerme de mudarme a su casa en la ciudad vecina. Pero yo no quiero estorbar, su esposa es demasiado amistosa. Ellos no saben lo que es vivir con un viejo artrítico que empieza a olvidar ir al baño. Sé que insistirá con eso de que van a destruir la capital, y toda esa información confidencial que le pasaron en el ministerio. Algo sobre prevenir el apocalipsis y otras locuras que se inventa este gobierno.

No me importa si es verdad. Ya son demasiados años en estos departamentos, ¿qué harían estas paredes sin mis ronquidos ahogados? Además, yo sé que la señora García visita los departamentos cuando cree que nadie la mira. En las madrugadas entra con un hacha de metal y al día siguiente otro vecino desapareció. Es una buena forma de irse, sin molestar con velorios y funerales  caros y aburridos. Pienso en eso mientras escucho la gota caer. Puedo escuchar su recorrido en el aire, lento y preciso como una bomba de cristal y detrás, apenas perceptible, el sonido de la puerta abriéndose.

Alberto Sánchez Argüello

Managua Noviembre 2015

#Wordvember DÍA 24